Supervivencia de la especie

Si como afirma Rem Koolhaas, ir de compras se ha convertido en el ingrediente principal de cualquier sustancia urbana, la actualidad de la Ciudad de Buenos Aires requiere una reflexión sobre uno de sus más notables ¨elefantes en la habitación¨. Ubicadas principalmente sobre las avenidas principales de la ciudad, el gran conjunto de galerías anónimas de plantas bajas de edificios residenciales y de oficinas languidece cotidianamente entre otros fenómenos urbanos. Con una mayoría de usos ligados a  servicios de oficios (cerrajerías, sastrerías, peluquerías) comercios tradicionales (librerías de usados, mercerías, locales de productos para el hogar) o comercios que heredaron de otras épocas su lugar pudoroso fuera de la calle (sexshops, locales de lencería, growshops), sobreviven en una especie de modo Purgatorio Urbano, sin expectativas inmediatas.

A partir de la década de 1980, distintos factores han contribuido a la situación actual. El auge de los shoppings como espacios de comercio por excelencia de las grandes ciudades, la aparición de modelos  y matrices globales y estandarizados de espacio urbano, cambios en los patrones de la cultura de consumo masivo de la ciudad a partir de la década del ´90, entre otros, son algunos de los fenómenos que fueron deteriorando la importancia de las galerías y su capacidad de generar  pulsión urbana.

Ya bien entrados en el Siglo XXI, en plena época de cambios en los hábitos de comercialización y consumo, con nuevos códigos urbanísticos y de edificación en vigencia, y en pleno auge del ¨new urbanism¨ de espacio público, participación ciudadana y movilidad sustentable, se vuelve necesario revisar algunos temas alrededor de las galerías porteñas.

Sobre la identidad de las Galerías

Dos de los síntomas más particulares del estado actual de las galerías se destacan sobre el resto: por un lado, muchas de ellas han perdido por completo una de sus características constituyentes y necesarias: la de ser una expansión de la calle, una continuidad del espacio público que de forma fluida atraiga un caudal de peatones a su interior. Inclusive las que hoy registran actividad, funcionan más bien como un ecosistema cerrado, sin expansión de sus programas o actividades en las zonas de continuidad física inmediata.

Por otra parte, encontrando negado su público natural, muchas de ellas se encuentran en una suerte de limbo. No son vistas como una oportunidad dentro del mercado inmobiliario. No se tugurizan o degradan de manera notoria. Simplemente pierden visibilidad, uso, y lugar en el imaginario cultural de los ciudadanos. Los locales de galerías vacíos son parte de un paisaje cada vez más habitual en la Ciudad de Buenos Aires.

Esta vacancia a su vez, aumenta la pérdida del valor de la oportunidad y las hipótesis de desarrollo: a la gran cantidad de locales vacíos o en estado de abandono en la gran mayoría de las galerías de la ciudad se les suma una generalizada y aparentemente definitiva desactualización en términos de apariencia y de usos. Los comercios que hoy se alojan en las galerías suelen carecer de señas distintivas.

La renovación del conjunto es uno de los aspectos más complicados: la puesta a punto (o su contracara, la venta y cierre de la galería) implicaría el acuerdo de tantos propietarios como locales tenga la galería. La lógica de consorcio sostiene al mismo tiempo que detiene a las galerías comerciales en el tiempo. La dificultad de organizarse bajo una imagen de galería impide la diferenciación del resto de las galerías comerciales. En avenidas como Cabildo, Santa Fe o incluso en Florida, donde se produce una saturación tipológica de varias galerías por cuadra, la imposibilidad de generar identidad las iguala en el imaginario del peatón, haciendo improbable la decisión espontánea de entrar a algún local específico.

Actualmente, estos espacios tienen en su gran mayoría el valor de una ruina o de una pieza de algún museo kitsch. Con matices, de maneras más o menos líricas, contrastan notablemente con la estética, los usuarios y los patrones de uso de todos los programas que aparecieron sobre las calles de la ciudad a partir del Siglo XXI (cafeterías, cervecerías, oficinas de co-working, comercios de alimentos orgánicos).

¿Cómo ser Galería en un mundo de Shoppings?

Desde la llegada del shopping como nueva especie comercial, dentro de las galerías comerciales porteñas comenzaron a producirse transformaciones - estrategias de consolidación, repliegue o desplazamiento- tanto en la oferta de los locales como en su clientela. Desde ese entonces, como una criatura (tipología) amenazada y en pos de su supervivencia, las galerías albergan un rango amplio y disperso de actividades comerciales secundarias.

Muchas, a partir de devenir espacios poco y nada circulados, pasaron a albergar rubros ilegales o favorecidos por la poca exposición pública (ideal para clientes reservados): casas de cambio, venta de antigüedades militares, sex y grow shops e incluso, caminando en la noche porteña, se pueden encontrar galerías abiertas en turno vespertino con fiestas clandestinas en alguno de sus locales más grandes e internos.

Dentro de todos los escenarios de supervivencia, tal vez el más marcado vino dado por la lógica de mercado: los locales fueron desvalorizándose, los alquileres se abarataron y la clientela de estos espacios se transformó. Nacidos como paseos, pensados y ambientados con mármoles y tapicería, los pasillos de las galerías fueron mutando hacia paisajes desérticos (pero comercialmente activos) propios de los rubros sin vidriera: depósitos, venta de artículos por internet, ferias americanas o lavanderías y cerrajerías. El interior barato de las ahora poco circuladas galerías comerciales sufrió un proceso inverso de gentrificación.

Otras galerías lograron surfear la crisis y se mantuvieron comercialmente vigentes gracias a que fueron aglutinando vendedores (y compradores) de una misma temática comercial hasta convertirse en sitios de referencia en determinados rubros. Algunas se mantienen activas ya que poseen un local irradiador de actividad que al atraer un caudal importante de peatones obliga al resto de la galería a mantener un estado medianamente respetable: el supermercado Vea estratégicamente ubicado en el último local de la Galería Guido Spano nos hace recorrer sus bellos pasillos modernos (proyectados por Virasoro), así como el auditorio Kraft, hoy sede de los célebres parlantes holofónicos, ubicado en el subsuelo de la Galería Arax mantiene despierta a esta galería de calle Florida, proyectada por Antonio Bonet.

01

Referentes espontáneos

Unificaron compradores y vendedores de un mismo producto, filosofía o estilo. La galería funciona como vínculo de distintos locales privados. Esto potencia el valor del espacio público como lugar de encuentro entre grupos de personas que comparten un mismo interés.

Destacan dentro de la gran masa de galerías que se construyeron entre los 60 y los 80 por su relativa alta vitalidad comercial, incluso en la era del shopping center. Se trata de galerías que funcionan por agrupación de tipo de comercio: Galería Jardín, Bond Street o Galería Patio del Liceo demuestran que al unificar la oferta (o el perfil) comercial y hacerse específicos en un rubro, se recupera capacidad de convocatoria. Esta mutación dentro de la especie las acercó al shopping , ya que la consolidación de un tipo de oferta comercial también atrajo nichos específicos de usuarios, y con ellos una de las premisas que las galerías nunca pudieron incorporar: la experiencia (además de la oferta) reúne a nerds y gamers en Galería Jardín, mientras que tatuadores y tatuados que se apropiaron y ayudaron a resignificar casi sin intención la Galería Bond Street en Recoleta. El caso más reciente se trata de Galería Patio del Liceo que funciona actualmente como headquarters de una gran cantidad de emprendimientos independientes y reúne en un mismo espacio a diseñadores, turistas y hipsters. Esta galería (que comparte con Galería Jardín sus patios abiertos en el pulmón de manzana) demuestra que esta tipología puede gozar de una segunda vida si se aggiorna su propuesta con miras hacia el espacio virtual: influencers, vendedores de MercadoLibre y otros ecommerce están empezando a mirar hacia estos espacios Mutaciones.

02

Parásitos

Galerías enteras alimentadas por el flujo de visitantes que atrae uno de sus locales. En la galería Guido Spano la ubicación del supermercado Vea al final de la galería, con su marquesina al frente, en la calle, atrae a los compradores por los pasillos de diseño moderno. Así, los locales que arman la fachada del recorrido interno obtienen un caudal de peatones que de otra forma difícilmente tendrían

Se trata de galerías enteras alimentadas por el flujo de visitantes que atrae uno de sus locales. Comúnmente ocurre en galerías que cuentan con algún local que se diferencia del resto, ya sea por su mayor tamaño o por su diseño específico para albergar alguna actividad específica: en la galería Guido Spano (diseñada por el arquitecto Alejandro Virasoro) el último local al fondo es operado por el Supermercado Vea. El supermercado usa los pasillos de la galería como expansión, para ubicar sus changos, así como también aprovecha el acceso de automóviles a un garage sobre el supermercado. La ubicación de este super local al final de la galería atrae a los compradores por los pasillos de diseño moderno. La galería Río de Janeiro, sobre Cabildo, tiene en uno de sus locales más grandes un salón para fiestas nocturnas que recibe mucha más convocatoria por sí solo que el resto de los comercios de la galería. La galería Boston, sobre Florida, tiene circulación interna gracias al restaurant de empanadas catamarqueñas, ubicado en la plaza interior de la galería, una suerte de patio de comidas anterior a la existencia del patio de comidas.

Sobre Corrientes encontramos dos buenos ejemplos de galerías que se aprovechan de programas específicos ubicados al interior del conjunto: la galería Arax tiene en su último subsuelo al Auditorio Kraft (antiguo Auditorio Buenos Aires), propiedad del CCNV (Centro Cristiano Nueva Vida). Este auditorio de larga data en la cultura porteña alberga diversas actividades semanales en su interior: desde escuchas musicales en la oscuridad con parlantes holofónicos, hasta recitales, seminarios y charlas de grupos pastorales. En la Avenida Corrientes, justo al lado de la famosa pizzería Güerrin, cientos de personas esperan todas las noches en los pasillos de la galería para acceder al Teatro Apolo, en el primer piso de la Galería Apolo.

03

Históricas

El eslabón perdido entre las galerías europeas y las galerías criollas.

Las primeras galerías comerciales aparecieron en la Ciudad de Buenos Aires entre 1915 y 1930, en el contexto físico-temporal de la apertura de la Avenida de Mayo, como una suerte de eslabón perdido entre las galerías europeas del siglo XIX y las galerías comerciales criollas que poblarían las avenidas porteñas a partir de 1950.

Proyectados por grandes arquitectos y constructores europeos como Mario Palanti y Francisco Gianotti, al día de hoy siguen funcionando como lugares tradicionales o de nicho, bien mantenidos por propietarios y clientela. Adquirieron esa suerte de estatus clásico que protege a los edificios de las tendencias y del paso del tiempo.

Corresponden mayormente al primer periodo de la tipología en el país. Evolucionan desde los Pasajes y las Tiendas (“Gath & Chaves”, “Harrods”) de la transición entre siglo XIX y XX. Siguen funcionando como lugares tradicionales o de nicho para ciertos grupos sociales. Algunas galerías en clave moderna también terminaron adquiriendo cierto carácter de lugar de culto y destacan por su buen mantenimiento y clientela habitual. El programa heterotópico de Galería Güemes, con su teatro en subsuelo, entradas a 4 edificios de oficinas en su interior y un mirador público, o la conexión neoyorkina que establece el Pasaje Roverano entre la línea A (estación Perú) y sus núcleos verticales nos permiten leer algunos signos distintivos que dan cuenta de la fuerza que tenía inicialmente esta tipología a la hora de insertarse en las ciudades modernas y generar discusiones urbanas novedosas.

04

Galerías paracomerciales

Todo lo que fue expulsado de la calle tiene su nuevo hogar en las galerías paracomerciales. La deep web hecha pasillo.

  • cuevas
  • sex shop
  • ferias americanas
  • grow shops
  • pick up de mercado libre
  • casas de turismo
  • venta de antigüedades militares

Miles de metros cuadrados, en planta baja, conectados con las avenidas principales de la Ciudad de Buenos Aires, con acceso a múltiples sistemas de transporte público, y entornos activos y de alto flujo peatonal. A pesar de partir de este escenario, a priori muy favorable, el grueso de esta tipología parece afectado por una epidemia. Galerías colonizadas por rubros que no necesitan una vidriera a la calle, pero que sí requieren un espacio público donde operar que muestran un estado vital y a la vez marginal (paracomercial) de estos espacios privados de uso público.

Se encuentran hoy en novedosa vinculación con las ventas por internet de menor calibre o sirven como oficina de arbolitos y otros cambistas. Son la manifestación de la retaguardia de la globalización, la cara del capitalismo nacional low-fi : a falta de una sede central de Amazon, el espacio de guardado transitorio de la venta online halló su camino hasta los espacios comerciales Mutaciones de la ciudad. En medio de crisis cambiarias y devaluaciones, las cuevas y arbolitos emprendieron su retirada fuera de las calles, hacia los lugares disponibles de refugio inmediato de las plantas bajas.

05

Mutaciones

El último grito de las galerías comerciales

Reinvenciones tipológicas: La posibilidad (tener un espacio de varios locales comerciales) y el cliente (edificios de propiedad horizontal) son todavía una realidad de los encargos arquitectónicos de finales de los 80 y principios de los 90. Sin embargo, la identidad espacial asociada a las galerías comerciales, de pasajes profundos y oscuros, cae en consideración del imaginario proyectual colectivo.
Galerías comerciales, del último período, con grandes diferencias tipológicas con respecto a las galerías en planta baja de edificios altos, pero con similitud en el tipo de locales y clientelas que logran congregar. Galerías a cielo abierto (Paseo Lazo, Galería Superí), galerías en claustro (Armenia) otras sobre veredas retiradas para generar el espacio de contemplación de los locales, diferenciandose de un local aislado a la vía pública. Con una nueva caja de herramientas, pero con resultados similares, mantienen una relación de dependencia con el edificio madre y la lógica consorcística de organización

06

Fin de la galería

Fin del desarrollo, construcción y pensamiento de la galería comercial como proyecto.

Como si de un imperio se tratara, la expansión del shopping no solo abarcó la totalidad de los nuevos proyectos comerciales de gran escala, sino que también se infiltró en viejas galerías comerciales.
Esta situación pone de manifiesto uno de los mayores problemas comparativos de las galerías comerciales frente a la nueva especie comercial: La presencia de múltiples dueños, locales cerrados, una falta de curaduría en el contenido y en las marcas, en la distribución espacial de las mismas. Todos estos factores propios de la experiencia que una galería no contemplaba, el shopping los tomó, los mejoró y los hizo slogan. La galería quedó ridiculizada, fuera de escala.
Estos ejemplos, de galerías comerciales devenidas en centros comerciales, marcan el fin del experimento comunal. Funcionan como palimpsesto, podemos ver los rastros del uso anterior. En el caso de la Galería Mitre, hoy el cartel de Falabella se ubica tapando la inscripción en piedra del edificio original. En el caso de Galerías Pacífico, el nombre perdura, como los muros incas hacen de basamento de las construcciones coloniales en Cusco.
Muchas veces la conquista no solo trajo transformaciones en la propiedad del espacio y la forma de explotarlo, sino que también implicó cambios en la arquitectura de estos espacios: plantas literalmente libres, stands con capacidad de variar en tiempo y espacio, pasillos mucho más anchos sumado a una dosis tecnológica renovada, llegaron para darle un lavado de cara a la actividad comercial porteña. La aparición del shopping significó no sólo el vaciamiento de caudal de visitantes, sino también el fin del desarrollo, construcción y pensamiento de la galería comercial como proyecto.